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lunes, 4 de mayo de 2020

Tonucci: futuro tras el coronavirus



Francesco Tonucci: “El error es seguir como antes de la crisis: con lecciones y deberes para casa”

“La situación excepcional permite y favorece la experimentación y valoración de los resultados”. Francesco Tonucci, psicopedagogo y firme defensor de los niños, califica de “error” que la escuela siga funcionando como antes de la crisis, continuando con el currículo y mandando deberes que el alumnado debe realizar en su casa.

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Francesco Tonucci
Ante la situación excepcional que estamos viviendo a causa de la pandemia, el pensador, psicopedagogo y dibujante italiano, Francesco Tonucci aboga por la introducción de cambios profundos en la escuela que estén encaminados a “desarrollar su personalidad (de los niños), sus aptitudes y su capacidad mental y física hasta el máximo de sus posibilidades”, según el artículo 29 de la Convención de los Derechos de la Infancia de 1989.

¿La pandemia que estamos viviendo marcará un antes y un después para la Educación?

Depende de cómo valoren, cada uno de los protagonistas de la educación escolar, su trabajo actual y el funcionamiento de la escuela. Si piensan que la escuela hoy en día funciona bien tal como está propuesta y reúne los objetivos que se propone y que la sociedad espera, yo diría que es razonable no hacer ningún esfuerzo por cambiarla. Bajo este punto de vista, continuarían desarrollando su programa con las lecciones de antes, utilizando los libros de texto y mandando deberes para casa. 
Sin embargo, si piensan que la escuela no funcionaba y no conseguía los objetivos previstos por la ley, deberían aprovechar esta paradójica situación para proponer cambios profundos, para experimentarlos y después mantenerlos cuando finalice el estado de alarma. La situación excepcional permite y favorece la experimentación y valoración de los resultados.
Desde mi punto de vista la valoración del estado de salud de la escuela se debería hacer tomando como referencia el artículo 29 de la Convención de los Derechos de la Infancia de 1989 que dice: “Los Estados Partes convienen en que la educación del niño deberá estar encaminada a desarrollar su personalidad, sus aptitudes y su capacidad mental y física hasta el máximo de sus posibilidades”.
Esto significa que la escuela junto con la familia deberían ayudar a cada alumno a descubrir sus capacidades y vocaciones y ofrecerles los instrumentos adecuados para desarrollar sus posibilidades al máximo. 
Habrá un antes y un después solamente en la segunda hipótesis. 


Francesco Tonucci

El confinamiento ha pillado desprevenidos a docentes y familias. ¿Qué errores se están cometiendo? ¿Qué aprendizajes se pueden extraer de esta situación?

No ha sorprendido solo a docentes y familias sino a todos los ciudadanos y para todos la vida ha cambiado radicalmente. Yo mismo estoy viviendo en total soledad encerrado en casa sin hijos ni nietos. Cada uno de nosotros ha debido cambiar sus propias costumbres profundamente. Desde mi punto de vista y refiriéndome principalmente a la experiencia italiana, el error fundamental de la escuela es el de haber querido demostrarse a sí misma, a las familias y a los alumnos que nada ha cambiado, que se puede proceder como antes con lecciones y deberes para casa, continuando con el programa y utilizando los libros de texto. Lo único que ha cambiado es el medio y el lugar, ya no hay presencia del docente, ni de los compañeros, ni de la escuela y el aula, solo el ordenador e internet. Y naturalmente no funciona.


La escuela debería aprovechar esta paradójica situación para proponer cambios profundos, para experimentarlos y después mantenerlos cuando finalice el estado de alarma

¿Cómo podemos ayudar a los menores a sobrellevar con éxito esta crisis desde el punto de vista escolar y emocional? ¿Qué oportunidades ofrece esta situación?

He pensado que la escuela podría aprovechar esta ocasión para utilizar la casa, el mundo donde los alumnos están obligados a vivir, como laboratorio escolar y que los padres ejerzan de auxiliares de laboratorio. Podría ser una ocasión preciosa para recrear una magnífica colaboración entre la familia y la escuela y proponer a los alumnos, según los diversos niveles de edad, todo tipo de actividades familiares: desde cocinar a la fotografía, de la lectura en alta voz a las actividades artísticas con material que tengamos por casa, de la lectura del periódico al video. Además de fomentar experiencias para estudiar y explorar, según las exigencias de las diversas disciplinas escolares. 

¿Qué cambios necesitará hacer la escuela tras la crisis?

Como decía, la escuela debería aceptar que la situación ha cambiado todas las condiciones de vida de los alumnos, debería aceptar la nueva situación y utilizarla para desarrollar sus competencias y propuestas de acuerdo con esta realidad. La esperanza es que si se consigue aprovechar este periodo excepcional correctamente, logrando la participación y satisfacción de las familias, cuando pase esta crisis esta actitud y esta metodología podrán ser aplicadas al mundo real de los alumnos, en su barrio, su ciudad, su mundo y nunca más en los libros de texto.  

¿Qué papel deberán asumir los docentes para avanzar en ese cambio? 

Poner sus competencias al servicio de sus alumnos para interpretar su mundo de acuerdo con el correcto nivel cultural y ser capaces de promover una colaboración real con la familia.

jueves, 30 de abril de 2020

DOCENTES EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS


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Docentes en tiempos de coronavirus

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Una de las primeras medidas que se tomaron en España para hacer frente a la crisis del coronavirus fue la de cerrar las guarderías, los colegios, los Institutos y las Universidades. Se decía entonces (todavía no se había decretado el estado de alarma) que cerrar las instituciones educativas no debía llevar a reunirse en parques, calles, cafeterías o discotecas. Lo que se buscaba, prioritariamente, era evitar el contagio.
De inmediato, de manera inevitablemente improvisada,  se  empiezan a arbitrar medidas para que el profesorado se ponga a diseñar actividades de aprendizaje online con el fin de  no convertir el confinamiento en unas vacaciones. Con toda la energía y la ilusión del mundo los docentes se ponen a la tarea. Tienen que reinventarse súbitamente y empezar a trabajar de otro modo.
La situación es completamente nueva, absolutamente inusitada, del todo imprevisible. Nunca se había organizado el curriculum ordinario a distancia.  Por primera vez había que planificar, dirigir, desarrollar y evaluar la enseñanza desde las casas del profesorado a las casas de los alumnos y las alumnas. De un día para otro. Sin preparación alguna, sin el más mínimo ensayo.
La complejidad del proceso es enorme, a pesar de que solo se va a desplegar la acción en torno a la dimensión cognitiva del curriculum. En primer lugar porque tienen que implementarse medidas desde la Administración educativa ya que no se trata de que cada uno haga lo que le parezca oportuno. En muchos casos, esas  medidas no llegaron a tiempo o fueron confusas y agobiantes.  En segundo lugar, porque requiere una sala de profesorado virtual y un despacho de dirección virtual improvisado en los que se coordine todo el proceso. La actividad que se pretende organizar no es la clase particular de un docente a un aprendiz sino un proyecto compartido de una institución desplegada ahora en el espacio y en el tiempo. Una institución que  pretende formar seres humanos, críticos, solidarios y compasivos.
En algunas comunidades autónomas, las prescripciones de la Administración son tan minuciosas y asfixiantes que generan ansiedad en quienes no se ven capaces de llevarlas a cabo por falta de condiciones, medios digitales y conocimientos adecuados para manejarlos. Acostumbrados a la enseñanza presencial, esta nueva situación a algunos les desborda.
Nos encontramos con un problema que afecta a muchos docentes que, por edad o por falta de formación, carecen de las destrezas digitales necesarias para la docencia en línea. ¿Cómo dirigir un proceso en el que quien tiene que liderarlo no dispone de las herramientas y conocimientos necesarios? Además, lo tiene que hacer en la soledad de su casa, es decir sin la ayuda de esos compañeros que solucionan todos los problemas informáticos en el marco de la institución escolar. El esfuerzo individual ha sido aliviado, sin embargo, por la ayuda y la complicidad de compañeros y compañeras, no solo del propio claustro sino de profesores amigos de otros centros. Y por el apoyo de hijos e hijas jóvenes de los docentes que participan en la búsqueda de recursos digitales.
El trabajo se complica porque ahora el profesorado  triplica el número de “alumnos y alumnas”. Los que habitualmente tenía más los dos progenitores de cada aprendiz. Porque los padres y las madres tienen que ayudar en la casa a que sus hijos e hijas realicen bien el trabajo encomendado. Asunto este de gran importancia y complejidad.
¿Cómo plantear tareas para alumnos con diferencias tan notables de desarrollo, de capacidad y de actitud? ¿Qué hacer, por otra parte, con los alumnos y alumnas que tienen necesidades educativas especiales? No se les  puede decir que cada uno se las apañe como pueda. Y, como es lógico, no es previsible que en cada casa se pueda encontrar una ayuda especializada.
Téngase en cuenta, además, que el profesorado está en su casa, a veces con hijos e hijas a quienes atender y ayudar a estudiar. Con obligaciones familiares ineludibles de diverso tipo que no puede desatender: limpieza, preparación de comida, compras…
La situación  es tan novedosa que requiere de ingenio para atender la diversidad, para favorecer la cooperación y para inventar nuevas estrategias de aprendizaje y de evaluación, antes no experimentadas. Y para mantener “ese calorcito del aula”, como he oído decir estos días a un maestro en televisión. Téngase en cuenta que no se trata solo de encomendar tareas sino que de que esas tareas sean revisadas y devueltas.
A estos problemas se añaden las circunstancias de las familias. En algunas es muy difícil seguir las pautas de aprendizaje que se les plantean desde las instituciones escolares.
  • Hay varios hijos de edades diversas y escasos medios que deben compartir en tiempos muy limitados.
  • No hay espacios independientes para el trabajo de cada uno.
  • No todos los hijos son aplicados y responsables.
Hay familias que no tienen sensibilidad para crear un clima de trabajo y prestar una ayuda eficaz a sus hijos. Entre los miles de mensajes que han circulado sobre este asunto,  me ha llamado la atención la conversación de una madre de tres hijos con una amiga Voy a reproducir algunas ideas casi literalmente.
– “Como me cruce con un maestro por la calle le abofeteo la cara, me da igual si no es el de mi hijo. Pero es maestro”.
– “Los niños están todo el día: mamá, el código este, mamá el otro código… A mí, que no soy capaz de recordar siquiera el código de la tarjeta”.
– “Madre mía, qué amargura. Yo lo que digo es que si no hay escuela, no hay escuela. Si se tiene que repetir el curso, se repite, pero que nos dejen vivir”.
– “La primera vez que oí lo de los códigos me dio un ataque de ansiedad y encima todas las madres hablando por los grupos de la escuela. Tuve bloqueados durante cuarenta y ocho horas los dos grupos de whatsapp de la escuela.  Yo pensaba que todos iban a hacerlo menos los míos.  Estaba histérica”.
Medio en broma medio en serio esta madre desvela algunas actitudes de las familias. Algunas  se sienten molestas por el envío intenso de tareas y por la exigencia de actividades de aprendizaje. Otras, que de todo hay, entienden que los profesores no  hacen nada y que no envían  suficientes actividades… Los padres y las madres, que tienen que bregar con uno, con dos o con tres hijos en la casa, se dan cuenta ahora de lo que es trabajar con veinticinco alumnos todo el día.
En la provincia de Mendoza (Argentina), según me cuenta mi amigo Horacio Muros, Director de la Escuela El Molino, en un correo que acabo de recibir, las autoridades educativas están planteando la idea de que el profesorado reduzcan sus vacaciones de verano (nuestras vacaciones de Navidad). Como si ahora no estuvieran trabajando a destajo con una enorme ilusión y creatividad. Qué barbaridad.  Qué atropello.
A todas estas cuestiones se añade, a mi juicio, la más importante. La situación hará que las diferencias sean más grandes, ahondando la desigualdad. La brecha digital es tan enorme que acabarán pagando el pato los alumnos más desfavorecidos, los más vulnerables. Hay zonas rurales sin cobertura y hay familias sin un solo ordenador.
Son justamente aclamados los profesionales de la sanidad en el aplauso cotidiano de las ocho de la tarde.  Es una forma de reconocer un trabajo esforzado, duro, arriesgado y generoso. Resultaría muy triste y doloroso pensar que algunas personas en lugar de soltar las manos en un aplauso merecido, quieran soltarlas para castigar el trabajo extremadamente arduo y complejo del profesorado, como en el caso de la madre que he citado más arriba. Seguro que son solo excepciones.
La tarea del profesorado es problemática, compleja y difícil. Pero resulta especialmente agobiante en esta situación excepcional. Una situación imprevisible que se prolongará en el tiempo no se sabe cuánto, aumentando la incertidumbre. Quiero solicitar para estos abnegados y silenciosos profesionales la admiración, el afecto y la gratitud que se merecen. No salvan la vida físicamente, pero cultivan la mente, enseñan valores  y cuidan el corazón.

DEFENDER LA ALEGRÍA AUN ES POSIBLE


Alegría

Aun es posible la alegría

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Debo el título de este artículo a mi amigo, ya fallecido, el escritor  navarro José María Cabodevilla. Es el titulo de uno de sus 33 libros. Lamentablemente, al ir a buscar el ejemplar en mi biblioteca, no lo he encontrado, aunque lo he tenido y leído. Quería citar alguno de sus párrafos. Será para otra ocasión.
Veo en el título tres partes esenciales. En primer lugar el adverbio “aun”. Lo considero pertinente  en estos momentos porque la situación mundial en la que estamos inmersos es aterradora. Miles de muertos, muchos más miles de infectados, miedo metido en los huesos, derrumbe de la economía, insolidaridad en la gestión de la crisis, actuaciones irresponsables de ciudadanos y ciudadanas que desoyen no solo las recomendaciones sino las órdenes… Pues bien, a pesar de todas esas terribles circunstancias, aun podemos mantener la alegría. Luego diré por qué.
En segundo lugar, aparece la expresión “es posible”. Lo cual quiere decir que no es seguro el alcance de esa meta a la que deseamos llegar. Porque hay que trabajar de manera perseverante, inteligente  y esforzada. La alegría no es un regalo, es una conquista. Decía Mahatma Ghandi: “La alegría está en la lucha, en el esfuerzo, en el sufrimiento que supone la lucha y no en la victoria misma”. Cuando digo que es posible estoy pensando en que, si no hay esfuerzo inteligente, puede ser que no se consiga. “Llegué por el dolor a la alegría”, afirmaba el poeta José Hierro.
Los actos aislados y colectivos de  heroísmo, y de generosidad que se están produciendo son innumerables. Esos actos hacen posible la alegría. Hablo de heroísmo no en términos figurados sino estrictos. Personas que arriesgan la propia vida para salvar la ajena. Y hablo de generosidad. Empresas que, a pesar de que la situación económica es incierta, destinan tiempos y materiales de forma gratuita para satisfacer necesidades apremiantes. Mi cuñado Antonio Gámiz  ha puesto su fábrica textil Bassette a producir mascarillas que el Ayuntamiento de Priego de Córdoba repartirá a las personas que las necesiten. Los padres de mi amiga Irene Martín Ruano entregan su habilidad y su tiempo para confeccionar mascarillas para el Centro de Salud de El Palo. Mi suegra y su hermana le hacen un bizcocho a la farmacéutica que les lleva las medicinas a domicilio. Mi amigo Antonio Molina, policía local de Rincón de la Victoria, me cuenta con emoción que acude con sus compañeros a felicitar a quien cumple años para celebrarlo comunitariamente desde la calle… Por poner algunos ejemplos cercanos. Hay quien dona dinero, quien ofrece tiempo, quien entrega ayuda y afecto a quienes lo necesitan. Innumerables hechos que propician y justifican la alegría.
En tercer lugar, nos encontramos con el concepto nuclear del título: “la alegría”.  La alegría es un sentimiento de placer producido por un suceso favorable que suele manifestarse con buen estado de ánimo, la satisfacción  y la tendencia a la risa o a la sonrisa. Henry Bergson dice que “la alegría anuncia siempre que la vida ha triunfado, que ha ganado terreno, que ha conseguido una victoria: toda gran alegría tiene un acento triunfal”.
Dice el novelista español Benjamín Jarnés, escritor de la Generación del 27, que “el júbilo verdadero solo se adquiere  a costa de un dolor vencido”. Estoy seguro de que podremos vencer la angustia, el miedo, el sufrimiento y la desesperanza de esta horrible crisis.
Existe diferencia entre felicidad y alegría. La felicidad es un estado emocional que causa un efecto permanente y estable debido a la importancia personal que se entrega a las causas de dicha felicidad. Una persona puede ser feliz, por ejemplo, por la familia que tiene y otra puede serlo al alcanzar una posición laboral deseada.
La alegría es un estado emocional momentáneo y espontáneo.La alegría es considerada una emoción, o sea, una reacción física instintiva. A pesar de ser temporal, la alegría es necesaria como una forma de enfrentar la vida, como camino para alcanzar la felicidad.
Qué alegría, decimos cuando nos dan una buena noticia, cuando henos conseguido un éxito o cuando nos visita un amigo. Pues bien, espero que pronto podamos recuperar alegrías que nos han abandonado: la alegría de viajar, de asistir a un concierto, de ir al cine a ver una película con los amigos, de salir a cenar al restaurante favorito, de dar un largo paseo por las calles de la ciudad o por el monte, de preparar con esmero las próximas vacaciones, de salir de compras sin miedo alguno, de asistir a una conferencia o a la presentación de un libro…
Mientras tanto podemos disfrutar de muchas otras que la prisa o el ajetreo nos robaban: la alegría de leer durante horas, de ver una película en familia, de hacer algunas llamadas para recuperar una vieja amistad, de charlar largamente con los hijos, de ordenar aquellos viejos materiales, de poner orden en los ajetreados recuerdos,  de dormir unas horas más, de descubrir todos los rincones de la casa, de repasar las fotografías de antiguos viajes, de emprender una actividad manual, de reparar aquella mecedora renqueante, echar unas partidas de parchís…
Tengo abierta por la página 178 el libro de Jaume Soler y M. Mercè Conangla titulado “La ecología emocional. El arte de transformar positivamente las emociones”. Y leo lo siguiente: “Escoger la alegría como la mejor opción para vivir es una elección que hay que renovar cada día de forma consciente. Es la decisión de levantarnos y  elegir un filtro brillante y transparente o uno opaco y gris”.
Cuenta a continuación la historia del discípulo de un venerable sabio que estaba sorprendido de que su maestro estuviese siempre sonriente y feliz a pesar de las dificultades que vivía. Un día le dijo:
– Maestro, ¿cómo es que se te ve siempre tan contento y satisfecho?
El maestro contestó:
– Cada mañana, cuando me despierto, me hago esta pregunta a mí mismo: ¿qué elijo hoy, alegría o tristeza? Y siempre elijo alegría.
Aun es posible la alegría. Hay motivos indiscutibles. El descenso de la curva del contagio, la escalada imparable de curaciones, la disminución diaria de fallecidos, la búsqueda apresurada de antídotos y vacunas, el trabajo heroico de los sanitarios, la multiplicación incesante de acciones solidarias, la convivencia familiar, el tiempo libre para actividades de ocio, la próximas salidas de los niños y las niñas, la esperanza del regreso a la vida normal, el aprendizaje online de la mano de maestros y maestras sacrificados  y entusiastas…
He leído recientemente la novela finalista del último premio Planeta 2019, “Alegría”, del aragonés Manuel Vilas. En la página 145 se puede leer: “Porque la alegría es mi responsabilidad como ser humano. Es la fundación de mi naturaleza”. En la penúltima página desea el autor que la alegría sea contagiosa, “con un contagio que vaya de un ser humano a otro ser humano en una cadena sigilosa”. Y yo añado: ojalá se contagie la alegría con más celeridad y eficacia que se transmite el coronavirus.
Mario Benedetti habla con su admirable sensibilidad poética de la alegría:
“Defender la alegría como una trinchera/ defenderla del escándalo y la rutina/ de la miseria y los miserables/ de las ausencias transitorias/ y las definitivas/
defender la alegría como un principio/ defenderla del pasmo y las pesadillas/ de los neutrales y los neutrones/ de las dulces infamias/ y de los graves diagnósticos/
defender la alegría como una bandera/ defenderla del rayo y la melancolía/ de los ingenuos y de los canallas/ de la retórica y de los  paros cardíacos/ de las endemias y las academias/…”.
He querido acortar esta cita. Y no he podido hacerlo antes. A medida que iba transcribiendo me invadía el temor de que yo no podía decir nada mejor que lo que estaba diciendo en su poema mi admirado Benedetti. Por eso es el poeta quien pone el punto final.

martes, 14 de abril de 2020

TONUCCI: entrevista

Francesco Tonucci: “No perdamos este tiempo precioso dando deberes”

El psicopedagogo italiano asegura que este encierro demuestra “todavía más” que la escuela no funciona

Un niño juega en su casa durante la cuarentena. En el vídeo, entrevista a Francesco Tonucci. GIANLUCA BATTISTA
Francesco Tonucci (Fano, 1940) es un experto en niños. Desde su casa de Roma, donde lleva cinco semanas encerrado, este psicopedagogo italiano contesta por videoconferencia algunas de las cuestiones que más afectan a los menores durante este periodo de encierro para combatir el coronavirus. Tonucci reconoce que son muchos los padres que piden consejos. Propone ideas como que tengan su propio diario secreto de confinamiento o un lugar, por pequeño que sea, para esconderse dentro de casa. El psicopedagogo se muestra crítico con la escuela y cómo está afrontando este encierro.
Pregunta. ¿Qué es lo peor del confinamiento para los niños?
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Respuesta. Debería ser el no poder salir, pero es mentira porque lamentablemente tampoco antes salían. Los niños desean salir y solo pueden hacerlo de la mano de un adulto. Con lo cual es importante que los niños vuelvan a salir, dentro y fuera del coronavirus. Quedarse en casa es una condición nueva, no ser autónomo no lo es. Espero que los niños puedan mostrarnos con la fuerza de este encierro cuánto necesitan más autonomía y libertad. Es muy interesante cómo están reaccionando ellos. Durante los primeros días de confinamiento, envié un vídeo a nuestras ciudades de la red internacional de la ciudad de los niños animando a convocar los consejos para pedir su opinión y dar consejos a los alcaldes; me parecía un poco paradójico que todo el mundo pedía a los psicólogos consejos para los padres y a los pedagogos para los maestros y nadie pensaba en ellos. Los niños sienten mucho la falta de la escuela, es decir, no de los profesores y los pupitres sino la falta de los compañeros. La escuela era el lugar donde los niños podían encontrarse con otros niños. La otra experiencia en la que pude comprobar que la escuela era muy deseada para los niños fue cuando están en el hospital.
P. Entonces, considera que los políticos no tienen en cuenta a los menores para tomar sus decisiones.
R. Como siempre. Los niños prácticamente no existen, no aparecen en sus preocupaciones. La única preocupación ha sido que la escuela pueda seguir de forma virtual. En Italia, por ejemplo, la gran preocupación es demostrar que pueden seguir igual que antes a pesar de las nuevas condiciones, es decir, lo hacemos casi sin que den cuenta, sentados como estaban en la escuela frente a una pantalla haciendo clases y con deberes. Muchos no se han dado cuenta de que la escuela no funcionaba antes y en esta situación se nota lo poco que funcionaba. Los niños están hartos de los deberes y para las familias es una ayuda porque es lo que ocupa a los niños. Los deberes siempre son demasiados, no tanto por la cantidad sino por la calidad. Son inútiles por los objetivos que los docentes imaginan.
P. Si se hace todo mal, ¿qué propone?
P. Hice un pequeño vídeo ofreciendo consejos de sentido común. Tenemos una oportunidad. Los niños en la escuela se aburren y así es difícil que aprendan. Además, existe un conflicto entre escuela y familia, es un conflicto moderno, la familia siempre está lista para denunciar el colegio. Ahora la situación es nueva: la escuela se hace en familia, en casa. Propongo que la casa se considere como un laboratorio donde descubrir cosas y los padres sean colaboradores de los maestros. Por ejemplo, cómo funciona una lavadora, tender la ropa, planchar, aprender a coser…
P. Pero en este laboratorio, ¿los padres están trabajando también?
R. Pido cosas que hay que hacer en casa igualmente. La cocina, por ejemplo, es un taller de ciencia. Los niños deben aprender a cocinar. El maestro puede proponer que los alumnos cocinen un plato con su salsa y escriban la receta. Así estamos haciendo física, química, literatura y se puedo montar un libro virtual de recetas. Otra experiencia que me parece importante es que los niños hagan vídeos de su experiencia en casa. La otra experiencia, por supuesto, es la lectura. Cómo la escuela no consigue que los niños amen la lectura es un gran peso. La escuela debería preocuparse más, dar a sus alumnos el gusto de leer.
P. Eso supone enfrentarse a las pantallas, a los videojuegos.
R. Estamos pensando en una escuela que tiene que hacer propuestas a los niños encerrados en casa. Proponer a los niños que lean un libro debe ser un regalo, no un deber. Hay otra forma que es la lectura colectiva, de familia. Crear un teatro que tiene su horario y su lugar en la casa, y un miembro de la familia lee un libro como si fuera una telenovela. Media hora todos los días. Son propuestas que parecen poco escolares, pero todas tienen que ver con las disciplinas escolares. Estudiando las plantas de las casas se puede hacer una experiencia de geometría. Todo esto lo digo para que se entienda que se puede aprovechar la riqueza que tenemos ahora, la casa y la disponibilidad de los padres. Usted dice que los padres no tienen tiempo: no es verdad. A pesar de todo el tiempo que están ocupados, no saben qué hacer en el tiempo libre. Normalmente el tiempo que pasan con ellos es para acompañarlos a actividades y no para vivir con ellos. Otra propuesta es que jueguen, eso es lo más importante. Que inventen juegos. Llamar a los abuelos para que aconsejen juegos, ellos fueron niños cuando los juegos había que inventarlos.
P. Nunca habremos pasado con ellos tanto tiempo como ahora.
R. Por eso mismo. No perdamos este tiempo precioso dando deberes. Aprovechemos para pensar si otra escuela es posible.
P. ¿Qué tiene que hacer un niño el primer día que salga de este confinamiento?
R. Gritar, lanzar piedras, correr, y abrazarse con alguien; aunque eso último será complicado.