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domingo, 4 de octubre de 2026

La sombra nómada

 Sombra nómada (Nomad Shadow) es el primer largometraje de ficción de la directora japonesa Eimi Imanishi, una propuesta que combina drama, coming-of-age y cine social para explorar el sentimiento de desarraigo de una generación que busca su lugar en un mundo cada vez más incierto. Ambientada entre Japón y otros escenarios asiáticos, la película sigue el viaje físico y emocional de una joven que decide abandonar la vida que conoce para emprender un camino marcado por la búsqueda de identidad, la libertad y el deseo de pertenencia.



Una conmovedora historia sobre la deportación de una joven saharaui a su tierra de origen después de vivir una década en España. Con una bella dirección de fotografía y unas interpretaciones magnéticas, Sombra nómada es un retrato certero y necesario sobre la experiencia del exilio. Participa en la sección Oficial de Atlàntida Mallorca Film Fest 2026 creado por la plataforma Filmin. Estreno el 2 de octubre de 2026 en salas de cine españolas.



Sombra nómada (Nomad Shadow)


Crítica de 'Sombra nómada'

Ficha Técnica

Título: Sombra nómada
Título original: Nomad Shadow

Reparto:
Nadhira Mohamed (Mariam)
Suleiman Filali (Alwali)
Omar Salem (Sidahmed)
Eddami Elabed (Fatimetou)
Chekh Mehdi (Abdallah)
Khadija Najem Allal (Selka)
Ghizlane Lkoucha (Ghalia)
Muna Fal Nadjem (Ilham)
Lmrabet Hamahou (Omar)
Núria Deulofeu (Júlia)
Beinifa Zergou Mohamed (Noor)
Tarba Baibu Kazili (Aminatou)

Año: 2025
Duración: 82 min.
País: España
Director: Eimi Imanishi
Guion: Eimi Imanishi
Fotografía: Frida Marzouk
Música: Clara Aguilar
Género: Drama
Distribuidor:

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de 'Sombra nómada'

Sombra nómada, de Eimi Imanishi | 2 de octubre en cines | Tráiler VOSE

Sinopsis

Una joven es deportada al Sáhara Occidental después de vivir una década en España. Sin pertenecer a ningún lugar, ni a la Europa donde creció ni al país donde nació, buscará la forma de poder seguir su vida, entre una familia que parece no comprenderla y un ambiente que la trata como una apátrida. (Filmin)

Dónde se puede ver la película en streaming



Convertirse en extranjera en tu casa 

Sombra nómada (Nomad Shadow) aborda un conflicto profundamente humano, y tiene una premisa de enorme fuerza. Habla de identidad, de raíces, de la sensación de vivir permanentemente entre dos mundos sin poder llamar hogar a ninguno de ellos. Son temas que, bien desarrollados, pueden dar lugar a un drama devastador, sin embargo la película nunca termina de aprovechar todo ese potencial.

El viaje de la protagonista resulta demasiado contemplativo y el guion insiste una y otra vez en la idea del desarraigo sin encontrar nuevas formas de desarrollarla. Las dificultades con su familia, el rechazo social y su búsqueda de un futuro aparecen de manera reiterativa, pero pocas escenas alcanzan la intensidad emocional que exige una historia como esta.

Nadhira Mohamed

Observar con distancia 

Eimi Imanishi apuesta por una puesta en escena muy contenida, casi documental en algunos momentos. La cámara observa a la protagonista con paciencia, dejando que el silencio y los pequeños gestos hablen por ella. La intención es evidente, quiere evitar el melodrama fácil y construir un retrato íntimo de una mujer atrapada entre dos identidades.

Pero esa contención acaba jugando en contra de Sombra nómada. Hay demasiadas escenas donde apenas ocurre nada más allá de reforzar una idea que ya había quedado clara mucho antes. El ritmo termina siendo excesivamente pausado y la narración pierde impulso conforme avanza.

Sombra nómada película

Convincente pero fría 

Nadhira Mohamed sostiene buena parte del peso de Sombra nómada gracias a una magnífica interpretación. Su desconcierto, su incomodidad y esa sensación permanente de no pertenecer a ningún sitio resultan creíbles. No necesita grandes discursos para transmitir su aislamiento, basta con observar cómo se mueve entre personas que deberían ser su familia y que, sin embargo la miran casi como a una desconocida.

El resto del reparto cumple correctamente, aunque muchos personajes quedan definidos únicamente por la función que desempeñan dentro del conflicto de identidad de la protagonista, más que personas acaban pareciendo obstáculos.

Nadhira Mohamed

Inmensamente pequeño  

Sombra nómada encuentra en el Sáhara Occidental uno de sus mayores aciertos visuales. Los espacios abiertos, la inmensidad del desierto y los pequeños núcleos urbanos refuerzan constantemente la sensación de aislamiento que vive la protagonista. La fotografía sabe aprovechar esos escenarios y construye imágenes de gran belleza.

El montaje termina haciendo que esa apuesta contemplativa se vuelva repetitiva. Varias escenas transmiten exactamente la misma emoción y el conjunto acaba perdiendo fuerza por acumulación. Visualmente transmite mucho, narrativamente bastante menos.

Sombra nómada película

Conclusión de 'Sombra nómada'

Sombra nómada (Nomad Shadow) aborda una realidad poco representada en el cine y lo hace desde un enfoque honesto, sin caer en discursos simplistas ni en sentimentalismos fáciles. El drama sobre la identidad, el exilio y la búsqueda de un lugar al que pertenecer permanece constantemente en un plano intelectual, cuando debería golpear también desde lo emocional. Uno entiende perfectamente lo que la película quiere contar, lo que nunca termina uno de sentir es el peso de esa herida.

martes, 23 de junio de 2020

Sobrevivir en tiempos de pandemia en el SÁHARA

Sahara Libre Wear, la línea de ropa exclusiva hecha en un campo de refugiados que resiste a la pandemia

La población saharaui emprende pequeños negocios para sobrevivir con tasas de paro que superan el 60% entre la juventud de los campamentos de Tinduf

Lugar de trabajo del Sahara Libre Wear. SANTIAGO REVIEJO.
Lugar de trabajo del Sahara Libre Wear. SANTIAGO REVIEJO.

Los campos de refugiados saharauis han resistido, de momento, el embate de la covid-19. Llevan tres meses cerrados al exterior, confinados sus habitantes en sus casas, para evitar la propagación del coronavirus que podría ser demoledora para el frágil sistema sanitario de los campamentos. Y, pese a estar ubicados en territorio de Argelia, uno de los países de África más afectados por la pandemia, no han sufrido ningún contagio. Ahora, sus gobernantes prevén iniciar poco a poco la desescalada. Público visitó los campamentos la semana antes de su cierre.

Un cierre que ha agudizado un poco más las precarias condiciones de vida de miles de personas que intentan superar como pueden tantas adversidades. Aunque, primero, habría que partir de la siguiente pregunta: ¿Qué provecho se le puede sacar a un desierto como el de la hamada de Argelia, una inmensa nada de cientos de kilómetros de arena, polvo y piedras cociéndose a temperaturas superiores a los 50 grados en verano, una nada golpeada, además, de vez en cuando por vientos y tempestades ruinosas? Ni el turismo más aventurero tendría interés en poner allí sus pies. Ni los propios argelinos sentirían la curiosidad de conocer esa parte de su territorio. Un lugar así sólo ha podido ser utilizado para levantar los campamentos de refugiados donde viven más de 170.000 saharauis. Y, pese a todo, ese pueblo exiliado durante más de cuatro décadas ha conseguido poner en marcha proyectos impensables en un entorno tan hostil: una línea de ropa exclusiva, por ejemplo.

Sahara Libre Wear es el nombre de la marca, un proyecto que se creó en 2008 a raíz de una idea del artista extremeño Alonso Gil, quien montó un taller de serigrafía dentro del Encuentro Internacional de Arte y Derechos Humanos del Sahara Occidental, Artifariti, un certamen cultural sin parangón en el mundo. Esos primeros talleres formativos se consolidaron luego en un proyecto de promoción del empleo juvenil que se ha convertido en la marca de ropa exclusiva de los campamentos de refugiados, las camisetas, los turbantes o las melfas serigrafiadas con diferentes motivos que se venden a las visitas extranjeras en cada foro o encuentro internacional que tiene lugar en los asentamientos.

Smail Banan, pintor de acrílico y reconocido muralista saharaui, está al frente del proyecto, ubicado en la wilaya (provincia) de Bojador. Ahora sólo trabajan él y una mujer, Fatimetu, pero la empresa ha llegado a tener hasta 25 trabajadores, a contar con un taller abierto en cada una de las cinco wilayas de los campamentos cuando los vientos desérticos soplaban a favor. "Temas personales, sociales", dice Smail, provocaron el declive de un negocio que depende en exclusiva de la compra que hagan los extranjeros que visiten estos asentamientos, a quienes va dirigida la oferta de Sahara Libre Wear. El cierre del campo de refugiados a causa de la pandemia ha venido a empeorar un poco más la situación.

Pero aunque el negocio se haya estrechado, resiste, algo realmente muy complicado en un hábitat como el de estos campamentos en mitad de la nada. Poca gente a la que vender y poco tiempo durante el que se puede trabajar, porque cuando el sol calienta con temperaturas superiores a los 50 grados los tejados de uralita y plástico convierte las casas en un horno infernal. Aún así, Smail y su compañera Fatimetu se afanan cada día en su local dibujando diseños de nuevos estampados con motivos saharauis, recortando los patronajes, preparando los tintes y los tejidos que luego van a serigrafiar. Pero eso sí, sin prisa, como transcurre todo en esta parte olvidada del mundo, donde la prisa tampoco soluciona casi nada.

Las ventas no son altas, evidentemente. Y varían mucho en función de los extranjeros que visitan los campamentos de por motivos humanitarios. Pero los pequeños ingresos que obtienen valen allí casi su peso en oro, porque sirven para completar la canasta básica que proporciona mensualmente a todos los refugiados saharauis el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, una canasta que se ha ido reduciendo progresivamente con el paso de los años y que ahora consiste en ocho kilos de harina, uno de azúcar, un litro de aceite, dos kilos de arroz, uno de lentejas y a veces uno de pasta. Así que los ingresos por la venta de ropa permiten comprar algo de fruta, carne o pescado en las tiendas de las wilayas para fortalecer una dieta equitativa, pero nutricionalmente exigua. O adquirir un poco más de los 20 litros de agua por día a los que tienen derecho y que en un baño occidental se consumirían en tres o cuatro tiradas de cisterna.

Así que para Smail, su pequeña empresa de ropa ha sido como una bendición. "Esto me ha dado mucho", asegura. Y no habla sólo de los ingresos extra. Se refiere, también, a la gente de fuera que ha podido conocer, a la que se ha llevado sus camisetas y turbantes a otras partes del mundo, a la que como el artista Alonso Gil le enseñó el arte de la serigrafía, a la que reconoció su valía como pintor perdido en un mundo olvidado.

Tasas de paro por encima del 60%

El empleo, la falta de trabajo, es una de las mayores lacras de estos campamentos de refugiados, donde hay poco que hacer, donde apenas hay dinero para comprar; un panorama desolador que parece haberse contagiado de la esterilidad del entorno desértico. Pero, como en el caso de Sahara Libre Wear, hay otros pequeños oasis que intentan abrir espacios de esperanza entre tanto secarral. Es el caso del centro de empleo juvenil abierto por la Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui de Sevilla, que presta asesoramiento a 80 pequeños negocios de la wilaya de Bojador: panaderías, peluquerías, lavanderías, baños de hammam, establecimientos de comida rápida, que ya dan trabajo a cerca de 200 personas.

Este centro se abrió tras la elaboración de un estudio en 2019 sobre la realidad de la población refugiada de 16 a 45 años en Bojador, según el cual el 53% de los hombres y el 67% de las mujeres en esos tramos de edad no tienen trabajo. Respecto a las disponibilidades de capital para emprender un negocio, el diagnóstico constató que en general "es muy limitada" y que las retribuciones por trabajar en servicios del estado son muy bajas, ya que apenas alcanzan para completar la exigua canasta básica alimentaria.

"Las personas que están empleadas en negocios privados tampoco ingresan apenas dinero –se añade en el estudio¬-. Los negocios más lucrativos, especialmente grandes ferreterías, están controlados por muy pocos. Una fuente importante de ingresos viene de las remesas que envían los familiares que viven y trabajan en España u otros países. Además, las personas que trabajan para ONG u organismos internacionales reciben retribuciones bastante más altas que el resto de la población, lo que les permite cubrir sus necesidades e incluso emprender negocios complementarios. Para la juventud, el acceso a fondos para iniciar un negocio propio es en general muy limitado, ya que no tienen recursos ni acceso a los escasos ahorros familiares".

Para hacer frente a esa realidad, y tras haber analizado cuáles eran las mayores necesidades, los responsables del centro de empleo juvenil empezaron a impartir cursos de formación en las especialidades más demandadas y con mayores posibilidades de éxito comercial, acompañando a los nuevos emprendedores en todo el proceso de creación del negocio, monotorizando sus resultados y proporcionándoles microcréditos para que pudiesen afrontar las primeras inversiones.

Lejlifa, un joven de 23 años, es ahora, gracias al centro de empleo juvenil abierto por la asociación solidaria sevillana, el dueño de una pequeña panadería que produce una media de 200 piezas de pan al día. Estudió hasta tercero de Secundaria en Argel y luego, cuando volvió a los campamentos de refugiados, se encontró con que no había nada que hacer. Hizo algunos trabajos de carpintería, de albañilería, pero muy esporádicos. Hasta que se le presentó la oportunidad de abrir la panadería. "A mí esto me ha salvado la vida –afirma-. Me ha dado un trabajo, un modo de ganarme la vida. Esto es muy importante para mí".

Lo mismo opinan las tres jóvenes que gestionan un taller de costura y comparten local con la firma Sahara Libre Wear. Antes de que abrieran este negocio, se pasaban las horas en casa ayudando en las tareas domésticas. Ahora, se dedican a arreglar ropa de mujer e infantil y también cosen algunas prendas de su propia manufactura. "Esto significa mucho para nosotras, porque aquí las mujeres apenas tienen trabajo. Y creemos que esto va a suponer un buen cambio en nuestras vidas", dice una de ellas, que confía que en el futuro puedan ser más trabajando en el taller.

Y mientras los jóvenes luchan en sus nuevos y pequeños negocios por abrirse camino en medio de un entorno tan limitado, afuera los niños corren con los pies descalzos detrás de una pelota, corren sobre un terreno lleno de piedras, restos de solería y de azulejos utilizados en la construcción de alguna casa. Acostumbrados a ese terreno de juego, sus pies parecen no resentirse. No lloran. No se retuercen de dolor. Corren detrás de la pelota, sin parar. Y gritan como cualquier niño que disfruta corriendo detrás de una pelota. Así es la vida en un campo de refugiados, haya o no haya pandemia de un coronavirus en el mundo.

martes, 2 de junio de 2020

Cuento saharaui

El anciano de la casa de piedra

31.05.2020 - Vitoria-Gasteiz (España) - Ali Salem Iselmu Abderrahaman

El anciano de la casa de piedra
(Imagen de Equipe Media)
RELATO

 

Cuando me aproximé a aquel perro, noté cierta tristeza en su mirada, le llamé varias veces por su nombre, y le ofrecí un cuenco lleno de comida. No acudió, me observaba con cierta desconfianza. Él pastoreaba las cabras. Siempre estaba al sur del rebaño, olfateando los caminos que  tenía que recorrer todos los días.

Los enormes muros de piedra, donde vivía su dueño. Aquel anciano de barba blanca, mirada misteriosa y una sonrisa que se dibuja de forma permanente en sus labios. Siempre te llevaba al pasado más remoto, cuando  empezaba a hablar de cómo las dunas, con el paso del tiempo han ido avanzando sobre la escasa vegetación, hasta rodear aquella cordillera que sirve de abrigo al profundo pozo, que sigue siendo el único punto donde acuden los hombres y animales en busca de agua.

El viejo siempre colocaba su cojín sobre el pequeño montículo de arena, y observaba de forma detenida como las cabras acompañadas de su perro pastor, iban entrando en aquella construcción de piedra. Se levantaba, y empezaba a inspeccionarlas. El perro pastor movía su cola, las vigilaba una por una. Mientras el sol se iba ocultando detrás de aquella bruma que nacía del calor y el viento suave que trasladaba la arena que cubría el dique de piedras negras. Aquel dique que escondía en su interior, grabados y símbolos de la prehistoria.

El perro, las cabras y aquel hombre de enormes pisadas. Se mezclaban en su largo trayecto de cada mañana, con las tumbas gigantes que la arena engulló. Ellos pertenecían al mundo de las hogueras, de las estrellas y de las largas e interminables distancias que ofrecía  aquel  paisaje esculpido por el viento.

Cuando miraba su rostro advertía en su larga barba el paso de los años. Podía ver  sus ojos, sus labios, y las arrugas que dominaban su cara. El fuego débil, me ayudaba a ver los gestos de sus manos, cuando hablaba del interminable paisaje de dunas.

El viejo de las arenas, te permitía hacerle varias preguntas seguidas, y te escuchaba atentamente. Luego empezaba a hablar del año en el que se perdió, y gracias a las nubes de otoño esas que marcan una línea de gotas que puede dividir a una montaña en dos mitades, pudo mojar sus labios.

En su fortaleza de piedras rojizas, el impacto del feroz viento adquiere sentido. Rompe el silencio de la noche. Las paredes son el eco que repite cada sonido, surgido del interior de las dunas que se han ido acumulando con el tiempo sobre las paredes de aquella cordillera.

En aquel paisaje estéril y desnudo, se percibía la soledad, la lejanía y la dureza. Las cabras caminaban sobre las piedras buscando el escaso pasto, mientras el perro iba olfateando pequeños agujeros en el interior de la tierra. El anciano inspeccionaba el pozo, porque sabía que su  espíritu estaba atrapado en el interior de aquellas paredes de las que surgía el agua.

A lo lejos, se veía la casa de piedra marcando la frontera de dos mundos. Un mundo lleno de silencio, en el que los seres vivos han aprendido a ser libres dentro de una naturaleza hostil y primitiva. Y otro mundo que yace enterrado bajo las arenas.

El anciano mira una y otra vez sus pisadas. Busca el camino de la noche. Una luz tenue, es su único punto de referencia. Mientras tanto una estrella le va marcando su ruta, hacia la casa de piedra.

 

Casa Piedra es un barrio histórico de El Aaiún, del Sahara Occidental o Sahara ocupado; un barrio insumiso, rebelde al régimen de ocupación marroquí. Este barrio -denominado por Marruecos actualmente Maatala-, fue bautizado como Barrio Soweto en memoria del barrio de igual nombre de Johannesburgo, en la época del Apartheid en Sudáfrica. Es un barrio independiente, controlado por las familias saharauis que habitan en el mismo, en el que no entra la policía ni los colonos marroquíes.

Ali Salem hace este relato a partir de su historia y su resistencia pacífica actual.

jueves, 21 de mayo de 2020

LA VIDA EN LOS CAMPAMENTOS SAHARAUIS

 
Los refugiados saharauis llevan 40 años viviendo en el Sahara argelino cuando fueron desplazados de su territorio en el Sahara occidental, antigua colonia española, tras la ocupación marroquí de 1975. Viviendo en campamentos de refugiados, sin reconocimiento de la comunidad internacional, sus condiciones de vida son muy precarias y el sentimiento de frustración muy grande. Llevan mucho tiempo esperando un referéndum de autodeterminación que no llega y dependiendo de la ayuda humanitaria exterior. [Programa "Los Reporteros", 1179, 4 de marzo 2017. Canal Sur Televisión] 1975: 6 de noviembre. Marcha Verde organizada por el rey Hassan II de Marruecos. 1976: 26 de febrero. España abandona el Sáhara occidental.
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 El papel del Sáhara Occidental en la ONU

UN REPASO A LA HISTORIA DE ESTE TERRITORIO, LA ÚLTIMA COLONIA.

martes, 14 de abril de 2020

Documenta sobre la resilencia saharaui de una mujer que desapareció fruto de la represiión

El documental “Soukeina. 4.400 días de noche” llega a todos los hogares: superación y resilencia de una activista saharaui desaparecida en cárceles de Marruecos

El Observatorio Aragonés para el Sahara Occidental libera, para poder verlo online, el documental ‘Soukeina 4.400 días de noche’, dirigido por la cineasta zaragozana Laura Sipán
Soukeina Yedehlu. Foto: Juan Manzanara
Rodado en Smara, territorios ocupados del Sahara Occidental, y en la capital aragonesa, su estreno en Zaragoza tuvo lugar en 2015. Posteriormente ha participado con éxito en diferentes festivales de cine, entre ellos el Fisahara o el Camerimage - The International Film Festival of the Art of Cinematography polaco.
El film narra la historia de Soukeina Yedehlu y se sitúa tras la ocupación militar de Sahara Occidental por Marruecos en 1975, cuando cientos de personas sufrieron desapariciones forzosas en cárceles clandestinas. Soukeina fue una de ellas, llevaba 12 años desaparecida y cuando salió, su mundo se había roto en mil pedazos.
Ahora, el Observatorio Aragonés para el Sahara Occidental quiere contribuir, durante estos momentos de confinamiento, para que se pueda acceder libremente al documental desde todos los hogares y para que también puedan verlo en los campamentos de personas refugiadas saharauis y en los Territorios Ocupados del Sahara Occidental.
"Creemos que en este momento de aislamiento forzado, tan difícil para todas, la vida de Soukeina y de quienes como ella lograron sobreponer momentos terribles pueden suponer un ejemplo y aliciente para superar la crisis", afirman desde el Observatorio.
Precisamente, la pasada semana un grupo de actores, actrices, y responsables políticos de distintos partidos del Estado español, han pedido la libertad de las y los presos políticos saharauis cuya vida corre un grave riesgo por la pandemia de COVID-19.
La distribución del documental es gratuita, pero quienes quieran contribuir con un donativo para la promoción de los derechos humanos en el Sahara Occidental pueden hacerlo ingresando un donativo que será destinado íntegramente para ello en la cuenta del Observatorio: Triodos ES73 1491 0001 2230 0010 6019.