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domingo, 5 de junio de 2022

Músicas de civilizaciones antiguas

 

La epopeya de Gilgamesh

Hace cinco mil años, un rey llamado Gilgamesh gobernó la ciudad mesopotámica de Uruk. Pronto se convirtió en héroe y dios, y sus gestas lo hicieron protagonista de la primera epopeya de la historia, centrada en su desesperada búsqueda de la inmortalidad. En ella aparece, por primera vez, el tema del diluvio universal.

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Figura de Gilgamesh en el museo del Louvre

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Hace casi cinco mil años, un hombre gobernó Uruk: Gilgamesh. Pronto entró en la leyenda, convertido en protagonista de la primera epopeya de la historia, un dramático relato sobre la búsqueda de la inmortalidad. «Aquel que todo lo ha visto, que ha experimentado todas las emociones, del júbilo a la desesperación, ha recibido la merced de ver dentro del gran misterio, de los lugares secretos, de los días primeros antes del Diluvio. Ha viajado a los confines del mundo y ha regresado, exhausto pero entero. Ha grabado sus hazañas en estelas de piedra, ha vuelto a erigir el sagrado templo de Eanna y las gruesas murallas de Uruk, ciudad con la que ninguna otra puede compararse».

El escriba Sin-leqi-unnini («Dios Sin, acepta mi plegaria») acaba de trazar estas palabras en lengua acadia sobre una tablilla de barro fresco. Ahora cierra los ojos, como para ver mejor la espléndida Uruk y a ese poderoso héroe que ha viajado hasta los lugares más remotos y cuyas aventuras se dispone a narrar. Sin-leqi-unnini evoca las portentosas murallas de la ciudad y, dirigiéndose al lector, se aplica otra vez a escribir: «Mira cómo sus baluartes brillan como cobre al sol. Busca su piedra angular y, debajo de ella, el cofre de cobre que indica su nombre. Ábrelo. Levanta su tapa. Saca de él la tablilla de lapislázuli. Lee cómo Gilgamesh todo lo sufrió y todo lo superó».

De la realidad a la leyenda

Así empieza la primera epopeya de la historia: el Poema de Gilgamesh. Sin-leqi-unnini quizás escribe hacia 1400 a.C. Pero no es el creador de la obra, aunque su mano le da forma definitiva. El relato que pone por escrito se hunde en la noche de los tiempos, más de mil años atrás. Hace aproximadamente unos seis milenios, en lo que hoy es Irak, se extendía la fértil llanura mesopotámica, atravesada por los ríos Éufrates y Tigris. En el sur de esa llanura, en el país de Sumer, se levantaba la imponente Uruk (la actual Warka), cuna de su todopoderoso rey Gilgamesh.

Por sus hechos y su fama, este personaje pasó muy pronto a la categoría de mito, convertido en protagonista de un ciclo de poemas sumerios que cristalizaron en la magna composición que lleva su nombre. Sabemos que hacia 2700 a.C. existió un personaje, llamado Bilgames -luego escrito Gilgamesh-, que los más antiguos textos en escritura cuneiforme sitúan en Kullab, un barrio de Uruk, en calidad de sacerdote-rey. Gilgamesh también aparece en un famoso documento, la Lista real sumeria (redactada hacia 1950 a.C.), que atribuye la fundación de esta ciudad, emplazada en la orilla izquierda del Éufrates, al rey Enmerkar.

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De acuerdo con la Lista, Gilgamesh perteneció a la dinastía I de Uruk: fue su quinto soberano, reinó 126 años y le sucedió su hijo Ur-lugal. A Gilgamesh se le atribuía la construcción de las poderosas murallas de la ciudad, según menciona una inscripción del rey Anam de Uruk, datada hacia 1825 a.C., y según recuerda también el Poema. Dichas murallas eran de estructura doble: una exterior, de la que tan sólo restan trazas en el suelo, y otra interior, de unos 9,5 kilómetros de longitud y cinco metros de espesor, reforzada con más de 900 torres semicirculares. Sin-leqi-unnini organizó el Poema en once cantos o tablillas.

Este genial sacerdote, exorcista y escriba enriqueció el poema con otra narración sumeria que se ha hecho famosa: el relato del Diluvio. Por fin, los escribas asirios del tiempo del rey Assurbanipal, en el siglo VII a.C., dieron al texto su forma canónica, añadiéndole la tablilla que hoy es la última. Esta versión fue archivada en la biblioteca del palacio del rey, en Nínive, descubierta en 1853 y cuyos materiales fueron enviados a Londres. Allí, en 1872, el joven investigador George Smith logró traducir las tablillas y fragmentos del Poema de Gilgamesh.

Gilgamesh busca la inmortalidad en un contexto narrativo sombrío, caracterizado por la soledad y el miedo a la muerte

A lo largo de las doce tablillas del Poema se perfila a Gilgamesh como un héroe mítico, de 5,60 metros de altura -el doble que el bíblico gigante Goliat-, compuesto en sus dos terceras partes de esencia divina, puesto que era hijo de Lugalbanda y de la diosa Ninsun, y que habla y se mueve entre los dioses como uno más de ellos. Dos serán las premisas de su actuación: la búsqueda de la gloria, que intentará alcanzar junto a su amigo Enkidu (episodios narrados en las seis primeras tablillas), y, sobre todo, la búsqueda de la inmortalidad, que tiene lugar en un contexto narrativo sombrío, caracterizado por la soledad y el temor a la muerte (de la tabilla séptima a la decimoprimera). A todo ello se añadió la doceava y última tablilla referida al Más Allá, sin conexión con el relato anterior, pero que permite a Gilgamesh ver el mundo que le espera tras su muerte.

sábado, 23 de octubre de 2021

Múisica antigua y Ana ALCAIDE

 

En busca de nuevos sonidos

En busca de nuevos sonidos

Ana Alcaide, apasionada investigadora de antiguas tradiciones y culturas, nos propone un viaje musical para adentrarnos en la cultura de la Persia Milenaria y en la mística y espiritualidad de los versos sufíes.

A partir de creaciones musicales propias y con el protagonismo del iraní Reza Shayesteh, la autora recorrerá paisajes sonoros que nos harán transitar este antiguo imperio el próximo 14 de diciembre a las 19:00 en el Centro Cultural San Chinarro de Madrid.

Un viaje a través de las montañas, las fuentes y jardines para alcanzar el éxtasis de sus noches cálidas de vino y flores, así como recrear algunos estados de meditación del sufismo.

Las letras de las canciones son adaptaciones de poemas persas de conocidos autores (Rumi, Hafez, Baba Taher, Saadi, Tabib Esfahani, etc)

Ana Alcaide conoció a Reza Shayesteh cuando estudiaba música en Suecia (Malmö Academy of Music), donde el músico iraní imparte clases.

Durante estos tres años de estudios en Suecia, Alcaide se adentró de su mano en la música y cultura persa, aprendiendo los rudimentos de algunos instrumentos tradicionales.

Cuando volvió a España, introdujo alguno de estos sonidos en sus discos y arreglos (santur y tar en ‘Como la luna y el sol’), invitando también a Reza a colaborar en algunas canciones (‘Mikdash’), así como en algunas de sus giras en España.

Tras petición popular, un viaje a Shiraz y Teherán y motivada por un interés personal en la antigua cultura de Irán, Alcaide decide iniciar lanzar un segundo capítulo de ‘Tales of Pangea’ con Irán como cultura protagonista.

La serie Ana Alcaide · Tales of Pangea’ se inició en el año 2015 con el disco ‘Gotrasawala ensemble’, fruto de continuados viajes y colaboraciones de la autora con músicos del oeste de Java (Indonesia).

Se trata de una línea de creación paralela a su actividad artística, que nace a raíz del diálogo musical con artistas locales de diversas tradiciones del mundo.

El deseo de dialogar y encontrar nexos comunes a través de la música y la filosofía personal del arte como elemento unificador, son las bases que sustentan este proyecto.

‘Tales of Pangea’ ha despertado un gran interés y asombro por parte de la prensa y de la audiencia -no solo por el resultado musical, sino por los conciertos realizados.

Ana Alcaide: Voz, Nyckelharpa, atmósferas
Reza Shayesteh: Voz, Setar, Tar, Percusiones
Bill Cooley: Ud, Psalterio, Percusiones, atmósferas

Artistas invitados
Kaveh Sarvarian: Vientos, percusiones
Sandra Rico: danza

Ana Alcaide es una intérprete y compositora de Toledo que desarrolla una actividad investigadora en torno a antiguas tradiciones y culturas.

Mientras estudiaba Biología, viajó a Suecia y allí conoció la Viola de Teclas, un instrumento medieval minoritario que en sueco se llama ‘Nyckelharpa‘.

Ana se enamoró de él y lo aprendió a tocar de forma autodidacta en las calles de Toledo, fuera y lejos de su tradición original.

Así se convirtió en una pionera introduciendo y divulgando la nyckelharpa en España.

Su música es una creación nueva inspirada en antiguas tradiciones que sintetiza estilos musicales de diferentes culturas.

Teniendo una gran presencia en su ciudad, es habitualmente descrita como la ‘Banda sonora de Toledo’.

Su último disco ‘La Cantiga del Fuego’ ha tenido una gran acogida y reconocimiento internacional, lo que le ha llevado a ampliar su presencia en escenarios de todo el mundo: Francia, Alemania, Italia, Bulgaria, Indonesia, Uzbekistán, Marruecos, Argentina, Uruguay y Canadá.

Ana Alcaide se encuentra en este momento componiendo y grabando su cuarto disco.

LA MÚSICA SUFÍ

La música devocional desempeña un papel muy importante en el sufismo, a menudo como forma de meditación trascendente.

Suele estar inspirada en la obra de poetas sufíes como Rumi, Hafiz, Bulleh Shah, Amir Khusrow o Khwaja Ghulam Farid.

La forma de música sufí más popular es la denominada qawwali, un género religioso y tradicional presente, sobre todo, en las culturas sufíes del sur de Asia (India y Pakistán).

La conformación musical del qawwali se basa en el sistema del raga indio, en donde se crea una composición, moderna o tradicional, que abarca poemas o leyendas compuestos en su origen por grandes poetas sufíes.

El qawwali es recitado principalmente en hindi, panyabí, urdú y árabe, aunque también es ejecutado en versiones instrumentales.

Más conocida, no obstante, en Occidente es la forma llamada ayin, utilizada en la ceremonia de los derviches danzantes, o giróvagos, mevlevíes (sema), y más enraizada en Anatolia.

El ayin es vocal e instrumental, y los instrumentos utilizados suelen ser tradicionales turcos, como la flauta ney.

Otra forma de música sufí es el gnawa, localizada en África Occidental, y en países como Marruecos o Afganistán la cultura sufí tiene asimismo sus propias formas musicales.

Algunas órdenes sufíes, más cercanas a una interpretación radical y puritana del islam, consideran que la música no es aconsejable en el camino de la espiritualidad sufí.

En cuanto a la música no estrictamente religiosa, las canciones sufíes de amor suelen estar construidas en base a las estructuras poéticas conocidas como ghazal y kafi, géneros en los que el solista canta acompañado de un harmonium y de percusión.