viernes, 20 de marzo de 2026

Feliz año nuevo según el calendario persa. MI PASADO EN LA MEZQUITA

 Comienza un  nuevo ciclo lunar, un año nuevo según el calendario persa. Irán cuna de civilizaciones antiguas,  Irán sueño de zellig, de azulejos verdes y azules cobalto, Irán eleva las voces de sus mujeres que baten sus nikab para que el viento los lleve lejos con sus cantos pastum mientras recolectan en el campo las amapolas y cantan sus hadices de 8 versos, cantos que narran sus secretos, sus vivencias femeninas.

Las lenguas viven mientras alguien las habla, mientras alguien las lee, mientras siguen sonando sus canciones, alimentando sueños y esperanzas, conformando horizontes posibles, asequibles en la cercanía. Días complejos, los actuales para el mundo, para todas y todos. Los astros giran y la vida seguirá con nosotras o con nuestra ausencia, la vida palpita y alienta nuevos caminos, nuevas sendas. 

Emigrar es duro, dejar atrás lo que se conoce, para adentrarse en los miedos profundos, en las incertidumbres que quiebran voluntades, a veces solo te sostiene el canto de una plegaria, de una mirada en la que te ves reflejada con empatía.  Mi querido S, quieres mostrar lo vivido en mi lengua materna , tu tercera lengua ese primer viaje en el que te alejas de tu familia, de tu  territorio conocido para ser educado en una mezquita, al otro lado de la ciudad, en un lugar desconocido, lejos del abrigo que dan los lazos familiares. Lo mejor es tan relativo,  lo mejor fue para ti doloroso, y aprendiste a sostenerte, a alumbrar a tu hermano pequeño. Te  preocupa que publique este ejercicio porque temes que la gente interprete que el Corán es violencia. Lo vivido no fue justo, adecuado, y fue un maltrato por parte de una persona cuya responsabilidad como imán, como figura religiosa no debería haber realizado.  Ninguna religión promueve la violencia, todas predican la paz, el amor,  pero en sus nombres se han masacrando pueblos, se sigue matando, torturando, violando,  Gaza, Irán, Nigeria, Sudán, Sáhara Occidental, Venezuela...  Tu fe permanece intacta, sigues haciendo tu ramadán, sigues con tu salat, sigues ayudando a los demás y poniéndote en su lugar,  ayudándo a los que llegan y no entienden nada, sin olvidar como tú llegaste y lo duro que fue aprender otra lengua, otra cultura. Este texto tuyo que refleja esa dureza en tu infancia debe ver luz, para que desde aquí los demás aprendan a miraros y conocer quiénes sois, con una infancia robada, sois ya con a penas 15 años hombres que saben de la dureza de vivir y de la responsabilidad que trae consigo ser responsables, adultos,  la adolescencia casi se queda muda, amordazada. Yo la veo desperezarse en vuestra mirada cuando llego y me preguntas qué es esa fiesta que hay ahora, por qué te llaman moro, por qué no sale la gente a la calle en España... 

Me siento muy orgullosa de ti, de haberte enseñado español, mi lengua materna. Estoy segura de que lograrás tus sueños y ganarás más de una medalla boxeando que es tu sueño. Espero  que no te hagan daño en la cabeza. Eres una gran persona y seguro que te va a ir muy bien en la vida. Ojalá podamos vernos y compartir un té con menta de esos ricos que solo tú sabes preparar. Sigue haciéndote preguntas y aprendiendo, la vida es un viaje. Gracias por compartir un abrazo. 

Encarna.


MI PASADO EN LA MEZQUITA

 Nací en Tánger el 23 de marzo de 2011. Tengo un hermano tres a os mayor que yo. Y dos hermanos más pequeños, mi hermana tiene seis años menos que yo y mi hermano es un bebé, nació el año pasado.

Vivía con mi madre, mi hermano mayor I. y mi hermana pequeña H. Mi padre estaba poco tiempo en casa, porque trabajaba con un camión. Cambiamos de vivienda a menudo dentro de la ciudad de Tánger. Jugaba con mis amigos en la calle a las canicas, a la peonza, al fútbol.
A los seis años empecé a ir a la escuela. Empecé a estudiar las letras en árabe y francés, pero en el siguiente curso no había sitio en la escuela y me quedé en casa. Luego me llevaron a estudiar a la mezquita.


Viví en una mezquita en Tánger cinco años, hasta los once años. Solo podíamos ir a casa los miércoles y los jueves. Los viernes volvía a las 14:30 a la mezquita en autobús.
El espacio de la mezquita se divide en tres espacios. La sala de oración es la más grande y nos sentábamos en el suelo, sobre la alfombra para estudiar, copiar el Corán y rezar. En la cocina comíamos y al lado de la cocina dormíamos en otro cuarto.  Para entrar a la mezquita tienes que ponerte la candora y debajo dos jerséis o más por el frío. Tienes que ponerte dos pares de calcetines porque hay mucho frío e íbamos descalzos en la sala de oración. Para salir al baño, a la cocina o al dormitorio usábamos las chanclas. Había tres baños, uno es la sala con grifos donde nos lavamos antes de rezar y los otros dos son letrinas. No podía ducharme hasta que iba a casa los miércoles. Había un jardín donde colgábamos los calcetines o los calzoncillos si los lavábamos y desde el jardín se veía la calle. Mirábamos desde allí la puerta de la calle, deseando que llegase el día de ponernos nuestra ropa y volver a casa.  
Mis días en la mezquita eran muy simples. No podíamos usar móviles, en la mezquita solo aprendíamos Corán. Nos dormíamos ahí,  comíamos ahí. Vivíamos unas cuarenta y cinco chicos y dormíamos en unas camas como las que están en la cárcel, una encima de la otra. Nos dormíamos a las 23:00 y nos levantábamos a las  5 o 5:30. Luego rezábamos y después de rezar empezábamos a estudiar el Corán. Teníamos un trozo de madera cuadrado y grande,  por un lado de la madera poníamos las suras que vamos a estudiar y en el otro lado estaba lo que estudiamos ayer. Cuando rezábamos a las 5:30  empezamos repasando lo que escribimos ayer y a las ocho teníamos que decírselo al imán sin verlo. Si no lo sabías no podías borrarlo. Luego íbamos por un pasillo a una sala con grifos donde lavábamos la tabla con la sura escrita ayer y que ya sabíamos de memoria. Tras borrarla hay que poner tierra encima para poder volver a escribir sobre ella. Escribimos con un lápiz que lo hacíamos nosotros con los troncos de la caña de azúcar. Tras lavar la tabla y poner la tierra la dejamos secar al sol para poder escribir la sura de hoy, y si no hay sol lo secamos cerca del fuego. Cuando está seca volvemos a la sala de oración de la mezquita y allí sentados en el suelo y descalzos comenzamos a escribir la sura de hoy mojando en el tintero. La sura tienes que estudiarla repitiéndola en voz alta una y otra vez para decírsela al imán de memoria, si no la sabes te pega. Un chico más grande que tú te coge y te levantan el culo y el imán te pega con un tubo  de goma naranja como el de las estufas o con un palo de olivo , duro de unos tres centímetros. Te pegan once a quince veces. Una vez puse muchas ropa debajo de la candora verde que mi madre me cosió. El imán se dio cuenta, me quitó la ropa doblada y me golpeó más fuerte.
Esto es lo que hacemos hasta las doce. Luego  dormimos una hora y rezamos. Después vamos a comer a la cocina en la mezquita. Comemos lentejas, alubias, baisar. Y si a alguien no le gusta la comida que preparaba el imán le dan pan con aceite o pan con queso. El pan es un pan seco, no lo calientan ni nada. Cuando terminamos de comer nos vamos a empezar a estudiar la sura que escribimos ayer. Repetimos una y otra vez, balanceándonos sobre nosotros mismos, con las piernas cruzadas, sentados sobre la alfombra de la sala de oración de la mezquita. A las 18 los imanes se reúnen y van a hacer una merienda  mientras nosotros nos quedamos en la mezquita hablando y jugando un juego con los calcetines. Unimos muchos calcetines formando una pelota para jugar al fútbol. Cuando vuelven los imanes rezamos y vamos a cenar la misma comida que a medio día y un vaso de té pequeño. Luego volvemos a estudiar lo que copiamos por la mañana y las 23 nos vamos a dormir. Yo dormía en el medio, encima  de  mí domía mi hermano y otro chico debajo. Había niños desde siete años a veinte. Los nuevos lloraban el primer día y el imán que dormía con nosotros lo dejaban llorar y al día siguiente si lloraba le pegaba.
Así era mi vida en la mezquita en que estuve yo. No todas son así, hay otras en que tratan bien a los chicos, no como donde estuve yo, ahí solo te pegaban y te tratan mal.

 


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