viernes, 27 de marzo de 2026

Aniversario de Hanzada

 Mi querida Hanzada, sabaj al jer

Hoy hace ya seis años que dejaste tu cuerpo, tu alma hermosa, anciana se fue de ese cuerpo tan frágil, tan joven. Eras una niña que aunque había vivido pocos años,  unos nueve solo pero tan cargados de vivencias tan importantes. Tú puedes narrar lo que es enfrentarse al miedo de las pérdidas de un padre, de una cultura, de tu país Siria, de la paz, la salud, la escuela,... hay muchas etiquetas que podían cubrirte como una mortaja: refugiada, siria, emigrante, paciente oncológica,.... Pero más allá de todas ellas eres luz, eres un alma vieja que vino a este mundo a enseñarnos la grandeza del amor, la fuerza tan inmensa que tiene el amor para vencer el dolor más profundo. 

Eres la hermana pequeña de Mousa, la hermana mayor de Omar, eres el núcleo de una familia, alrededor tuyo giramos todos, tu madre que te adora, tus tíos, y en especial Housein que te adora, tu abuela a la que tantas mañanas me abracé bajo el roble que hay camino a tu escuela, bajo el que nos encontrábamos a la mañana, y ella clamaba al cielo nombrándote, clamando a Allah. No hablábamos una lengua común pero las dos sabíamos que eras la luz que nos cohesionaba y las dos sentíamos el dolor de la enfermedad que te arrebataba de nuestras vidas. Tu ausencia es algo a lo que debemos enfrentarnos y elaborarlo, sin olvidarte jamás, porque sigues viva en nuestros corazones, eres la luz que nos cuida y nos guía. 

No pude llevarte al mar, pero hablamos tantas veces desde la orilla de aquellas playas en las que he trazado miles de corazones, a ti que te gustaban tanto los corazones, pero te llevé el sonido del mar hasta tu cama para que pudieras escucharlo cuando quisieras. La espuma del mar siempre me trae el eco de tu risa y cuando me siento perdida ante algún chico o chica cuyos ojos se oscurecen te pido ayuda para que me ayudes a iluminar con ese brillo que tú tienes, ese brillo que nos encendía a las dos y bastaba con que nuestras miradas se encontrasen para saber que íbamos a aprender algo juntas. Siempre querías aprender, valorabas tanto aprender, conocer, me hiciste preguntas muy difíciles como explicarte qué era lo que iban a hacer los médicos cuando te operaron, qué era eso de operar, me contabas como mamá te cuidaba muy bien,  le decías a Musa que no fuese médico y a Omar le recordabas que era jueves y hoy tocaba clase conmigo tras el recreo.  Tú entendiste perfectamente que cada año tengo entre una docena y cuarenta hijos e hijas.  Las palabras no llegan a ser capaces de expresar lo que supuso conocerte, darte la mejor acogida de la que fui capaz tras tu llegada de Tesalónica tras dos años en un campo de refugiados,  y tu corta estancia en Alemania donde nevaba mucho y no te gustaba la nieve, enseñarte a leer y a escribir, acompañarte en tu enfermedad y en tu partida aquella última semana en que estábamos encerrados y encerradas en las casas por el covid y solo el teléfono era la única manera de poder llegar a tu lado,  recuerdo tu voz dándome las gracias por los dibujos que en el blog aquella semana iba publicando y eran como sembrar un jardín para ti, mi querida Hanzada. Hanzada el nombre de una flor blanca que crece en Turquía, el nombre que te puso su hermano Mousa.  

No te olvidamos, sigues latiendo en nuestro interior como la estrella que nos guía y protege. Pensarte es sacar lo bueno, lo justo, el amor que ayuda a crecer y nos libera.  Te queremos Hanzada. 

Amal Encarna





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