Maryam Touzani: “Ante todo, lo que me interesa tratar en mi cine es lo humano»


La actriz, directora y guionista Maryam Touzani es uno de los mayores exponentes del cine que se hace en Marruecos. Graduada en comunicación y periodismo en Londres, Touzani comenzó su carrera como periodista con un enfoque documentalista y después como cineasta realizando cortometrajes, documentales y largometrajes. Casa Mediterráneo ha programado un encuentro con la cineasta el próximo viernes 4 de diciembre, a las 19 h., dentro del ciclo Mujeres y el Mediterráneo, moderado por la periodista Sonia Marco.
En el encuentro, que podrá seguirse en la web de la institución diplomática y sus redes sociales, Touzani hablará de su trayectoria y de distintos problemas sociales en su país, como la prostitución o la explotación laboral infantil, recogidos en sus trabajos cinematográficos. Su ópera prima, Adam, que revela la situación de ‘ilegalidad’ de las mujeres solteras embarazadas en Marruecos y la exclusión social que viven las viudas que no quieren volver a casarse, representó a su país en la carrera por los Oscar 2020, siendo la primera mujer marroquí en optar a esos importantes galardones. Con el fin de acercarnos a su filmografía, caracterizada por un firme compromiso social, mantuvimos una entrevista con Maryam Touzani.
En toda su filmografía se aprecia un fuerte compromiso con el cine social. ¿Cómo surgió su interés hacia este tipo de temáticas?

Yo diría que es una cosa que ha surgido de una manera bastante natural porque soy una persona muy sensible a lo que pasa a mi alrededor y, ante todo, lo que me interesa tratar en mi cine es lo humano. Siempre he estado muy cercana a las realidades sociales que vivo y eso ha sido mi mayor inspiración, poder contar historias que no se cuentan a menudo, poder darle voz a personas que no la tienen de manera general ni de forma evidente. Poder indagar, poder comprender y experimentar también, vivir la experiencia de otra persona que puede ser completamente diferente de la que conocemos y darla a conocer a otras personas que pueden ser muy lejanas a esa realidad.
Para mí ha sido una experiencia personal poder vivir, como decía antes, comprender y analizar, evidentemente, lo que ocurre en mi sociedad, en mi entorno, y poder darle una voz. Pero no ha sido algo que yo hubiera pensado hacer desde siempre, no me había propuesto hacer esta clase de cine, sino que ha sido algo que ha surgido de forma natural porque es allí donde va mi corazón, donde naturalmente siento que puedo convivir de alguna manera también.
Cuando cambia la mirada de una sociedad, de una persona y de un grupo se puede influir verdaderamente en un cambio social más amplio, que luego se puede traducir en un cambio de leyes.
Su cortometraje ‘Aya va à la plage’ gira en torno a la explotación de los niños pequeños como trabajadores domésticos. ¿Es éste un problema común en Marruecos?
Ése ha sido un problema bastante común, que afortunadamente se está arreglando un poco porque hay muchísimas asociaciones de protección de la infancia que se han volcado en este tema para intentar cambiar las leyes y sí que hay aspectos que han cambiado en los últimos cuatro o cinco años. Ha sido un fenómeno bastante problemático, que sigue existiendo hoy en día. Cuando hice este cortometraje en 2015, quise contar una realidad que no conocemos, porque a estas niñas que trabajan en casa apenas se las ve, pero hay cientos de miles. Yo quería poder darles un rostro, que existan de otra manera, y que la gente que vea esta cinta corta, de 15 minutos de duración, pueda sentir lo que es ser una pequeña niña que trabaja en esas condiciones, a la que le roban la infancia, a la que le impiden ir a la escuela y vivir como cualquier otra cría.
Considero que cuando sentimos las cosas en nuestra propia piel entendemos las injusticias que se cometen. Para mí lo más importante es poder cambiar la mirada. Creo que las leyes cambian de manera bastante tímida y lenta, pero ante todo lo que hay que cambiar es la mirada porque cuando cambia la mirada de una sociedad, de una persona y de un grupo se puede influir verdaderamente en un cambio social más amplio, que luego se puede traducir en un cambio de leyes. Lo que yo quería era darle una cara verdadera a estas niñas a las que no veíamos, que para nosotros eran sólo cifras en los periódicos.
Como le decía, hay asociaciones que están luchando durante décadas para poder cambiar el destino de estas niñas, que hacen un trabajo extraordinario de reintegración social, de sensibilización para que la gente no las haga trabajar, y de cambio de las leyes, que están evolucionando a mejor. Con el trabajo de las menores creo que hay un cambio verdadero que está teniendo lugar.
Otro tema que trata en su filmografía es el de las madres solteras, que se quedan embarazadas fuera del matrimonio. Esta problemática la aborda en su primer largometraje Adam. ¿Además de ser un fenómeno que cause rechazo social, puede entrañar un problema legal?
Puede haber un problema legal, claro que sí. El hecho de tener relaciones sexuales fuera del matrimonio es ilegal, entonces el mero hecho de quedarse embarazada sin estar casada es una prueba de ello. Por un lado están las leyes y por otro la aplicación de las mismas. Si así fuese el caso, la mitad de la población tendría un grave problema. Lo que quiero decir es que la ley prohibe el hecho de estar embarazada fuera del matrimonio, pero eso no quiere decir que vaya aplicarse en todos los casos. La ley está ahí como una espada de Damocles y puede ser utilizada. Pero para mí la mayor dificultad es el estigma social. Las leyes han ido cambiando en los últimos años, ha habido algunos avances, no muy grandes pero algunos, para proteger a estas mujeres y a estos niños que antes no estaban del todo amparados por la ley. Eran niños y niñas que no existían legalmente, ahora sí, aunque con muchísimas limitaciones. Las leyes están cambiando poquito a poco y, como decía antes, lo que para mí puede traer un cambio verdadero es el cambio de mentalidad, de mirada que pueda tener la sociedad sobre estas madres y estos niños.
Aunque estén prohibidas las relaciones antes del matrimonio en Marruecos debe haber una parte de la sociedad que se salte esta norma y que lleve una especie de doble vida, de cara al público y en la intimidad. ¿Podría decirse que también hay una doble moral en la sociedad?
Yo no lo calificaría de doble vida. Creo que es una sociedad bastante compleja en la que existe gente extremadamente abierta y moderna y gente más conservadora. Son dos partes de la sociedad que coexisten de manera bastante natural, porque siempre ha sido así y lo sigue siendo. Sí puede haber un poco de doble vida en ciertas partes de la población, pero no lo extendería al conjunto de la sociedad, sería simple calificarlo de esa manera; es mucho más complejo. Para volver a lo que decía antes, esa ley existe, pero la gente sigue haciendo su vida y quien quiere tener relaciones fuera del matrimonio sí que las tiene. Luego está la convicción íntima y personal de cada persona, que puede ser extremadamente diferente entre una persona y otra que esté a su lado, porque existe esta complejidad de puntos de vista, de convicciones y de creencias que conviven.
Adam representó a Marruecos en la edición de los Oscar 2020, ¿qué supuso para usted esa nominación y para la proyección exterior del cine marroquí en un certamen tan importante?
Para mí fue un orgullo poder representar al cine marroquí en un evento tan importante. También poder sentir que una película como Adam, que trata problemáticas que son para mí importantes, pueda tener visibilidad; que esos asuntos puedan existir de una manera más relevante me provoca un sentimiento muy bonito. También creo que para cualquier cineasta el hecho de tener una película que concurra a los Oscar supone una enorme recompensa a su trabajo, sobre todo si lo hace de manera muy personal. Además era la primera vez que Marruecos elegía a una mujer para que representara al país en los Oscar, así que eso también fue una gran satisfacción.
Por María Gilabert Almagro
Responsable de la revista Casa Mediterráneo.